Por: Rafael E. Oviedo C. (@rafaeloc25)
Pascual Guerrero, 6:47 p.m. y ya se había ocultado el sol. Nuestros jugadores caían frente al América de Cali, 2-1, por primera vez en una década. Golpe ¿durísimo? Si igual los jugadores y el cuerpo técnico, encabezado por Osorio, está sobrando la liga. Que falta de respeto con aquellos que devoran kilómetros y con quienes se gastan sus ahorros para ir a verlos.
Lo prefiero a Juan Manuel Lillo, con esos versos raros y momentos de inoperancia dentro del equipo. Con sus posicionamientos erráticos por momentos, pero efectivos en otros. Prefiero ganar dando setenta mil pases y marcando en el 89 que cualquier otra cosa, total ganábamos así la suerte no estuviera con nosotros por momentos. Se acabó por mala suerte, frente al Tolima.
Lo prefiero a Almirón, con sus momentos de apatía y soberbia, con sus tres (cuatro) argentinos con más huevo que fútbol. Monólogos en el Atanasio, 1-0 casi todos los partidos; se marcaba en el minuto 12 y ahí se acababa el encuentro. Ir al Atanasio era sinónimo de celebrar victorias con ese equipo que, con poco, le bastaba. Se acabó por mala suerte, frente Tucumán.
Lo prefiero a el “Arriero” Herrera, ídolo de la institución, una ternura y figura paterna para algunos jugadores. Algún que otro cabezazo con un par de compañeros que le costaría su permanencia en el club a cierto jugador. Pero esas penas eran menores, frente al Once Caldas dimos una vuelta, 2-1 con un gol en el noventa de tiro libre. Un par de partidos después, tres empates seguidos y por afuera de los ocho frente a Leones. Se acabó por mala suerte, frente Leones.
Lo prefiero a Paulo Autuori, que llegó para construir con poco esperando una milagrosa aprobación del TAS. Los nueve partidos que ganó dirigiendo en Nacional no habla de él, fueron una suma de factores, pero el equipo estaba de maravilla. Los cuatro empates seguidos a cero que tuvimos el semestre pasado fue pura mala suerte, falta de puntería, el equipo encontraría el camino y volvería a entrar entre los ochos. Ahí se juntaron cosas, un grupo duro que dejaría a Nacional último de su grupo, pero no era el reflejo de ese equipo. Se acabó por mala suerte, frente a Junior.
Pero ahí está el agrandado de Osorio, quién se cree él para hablar. Un tricampeonato hace unos años, treinta y tres puntos en dieciocho partidos de esta liga, es poco con todo los jugadores que tiene. Treinta y tres puntos donde solo ocho fueron contra los grandes de nuestra liga. Treinta y tres puntos, pero no es capaz de darle oportunidades a los que se la merecen. Treinta y tres puntos, clasificados, perdiendo y ganando; pero al menos hay emoción.

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