¿Cuánto falta para tocar fondo? (River Plate (Uru) 3-1 Atlético Nacional)

 

Atlético Nacional sufre otro ridículo continental (AS)

Por Rafael E. Oviedo Carrillo (@rafaeloc25)

Como si fuera la crónica de una muerte anunciada, Atlético Nacional cayó ayer 3-1 contra River Plate de Uruguay, un justo vencedor de la eliminatoria. Hablar del transcurso del partido es un insulto con el deporte rey: un equipo desalmado que se dejó pasar por encima en el partido de vuelta, haciendo parecer buena la actuación de la ida con 10 hombres en Atanasio (1-1).

Patético, parece difícil encontrar una mejor palabra para describir el presente del club. Tuve la oportunidad de ver el partido con sonido ambiente, algo a lo que no estoy acostumbrado pero que, por como ocurrió la eliminación, me alegra que haya sido "obligado" a ser espectador bajo estas condiciones porque me permitió realizar un diagnóstico de un club que actualmente se encuentra enfermo, que nombraré a continuación:

El más evidente de los dolores, porque de nuestra enfermedad llamada "indeterminación del rumbo deportivo" este es el síntoma que genera mayor malestar: una institución sin líderes. Desde la dirigencia se ha hecho una gran labor en la materia financiera, que le corresponde a un equipo de trabajo específico, pero esta debería ser un complemento de las labores y éxitos deportivos del club que, llegados a este punto, estaríamos más contentos con un equipo competitivo que se vea que lucha por un premio (que tal vez nunca llegue) a lo que vivimos ahora. Juan David Pérez no es el único culpable, de hecho se nota que el club representa algo importante para él, pero es el común denominador de tres años de fracasos.




Arezo firmó un doblete para clasificar a los uruguayos (Futbolred)

Pero como dijimos, no es el único culpable. Desde la banda hace pocos días nos abandonó Juan Carlos Osorio, un técnico que fue incapaz de imprimir su idea de juego en el equipo ni de enderezar el rumbo debido a su terquedad por momentos e inoperancia del equipo en otros. Fue el hombre elegido para recuperar los éxitos deportivos del equipo, pero evidentemente no ocurrió así, en parte, por los motivos nombrados.

Ayer, el que fuese asistente del "Profe", Pompilio Páez se paró en la banda, pero siendo "dirigido" o recomendado por Francisco Nájera (director deportivo) a la hora de dar indicaciones o a la toma de decisiones. Un banquillo verdolaga en el que todos dirigían pero nadie obedecía, algo que nos debe recordar un hecho en el mundo del fútbol: no capitanea el que tenga la voz más gruesa, sino el que tenga el temple y habilidad de dominar las situaciones y sacar lo mejor de los suyos en el transcurso del mismo.

Desgobierno que se manifestó en la cancha, todos gritaban pero nadie obedecía en la cancha, jugadores cabizbajos que fueron superados en intensidad incluso por el aguatero del equipo local, demostrando la unión del equipo uruguayo. La viveza, el coraje, "la garra charrúa" provocó, en parte, que Nacional se encontrará en el limbo durante todo el partido: los verdes dominaron la bola, pero los blancos el partido. El resultado de ayer fue un accidente para los de Montevideo, porque, cómo manejaron los hilos del encuentro, merecieron golear y terminar el partido con dos hombres de más.

Al final sonó el silbato, como en cada partido. El júbilo del ganador opacaba el silencio del perdedor (que en este caso es el que nos importa), uno que no ocultaba ni resignación ni rabia, ambas características de jugadores "estrellas" que al menos pelean por su status, pero como es bien sabido en la ciencia: las estrellas que vemos hoy (en la cancha) dejaron de brillar hace muchísimos años sin habernos dado cuenta.











Comentarios